CIUDAD DE MÉXICO, septiembre 02 (XPFM).- La presidenta Claudia Sheinbaum acusó nuevamente este miércoles a Estados Unidos de recurrir al injerencismo por sus elecciones y para influir en la política mexicana y advirtió que detrás de los recientes señalamientos contra funcionarios y políticos mexicanos puede existir algo más que una estrategia contra el narcotráfico: un interés electoral.
Durante su conferencia matutina, Sheinbaum cuestionó particularmente la actuación de la DEA y los mensajes de funcionarios estadounidenses que elogian a algunos integrantes del Gobierno mexicano mientras cuestionan o señalan a otros.
Su interpretación es que Washington busca generar divisiones dentro del Gabinete de Seguridad, debilitar al Gobierno mexicano y crear condiciones que le permitan influir en el escenario político nacional. “Por sus elecciones y porque así han sido siempre”, señaló.
“Lo que buscan es influir en nuestras elecciones, dividirnos internamente”, afirmó la presidenta al referirse a la actuación estadounidense. Sostuvo que no se trata de una práctica nueva y que históricamente Estados Unidos ha utilizado el combate al narcotráfico como argumento para intervenir en asuntos internos de otros países.
El argumento de Sheinbaum va más allá de las elecciones mexicanas. La presidenta ha sostenido que la política interna de Estados Unidos también está detrás de la presión sobre México, particularmente porque sus dirigentes buscan utilizar el tema del narcotráfico y la relación con México como parte de su discurso ante sus propios electores.
En junio pasado, la mandataria ya había planteado públicamente que sectores de la derecha estadounidense podían estar utilizando a México como parte de su retórica electoral para los comicios de noviembre de 2026, al tiempo que buscarían alianzas con sectores de la derecha mexicana rumbo a las elecciones de 2027.
Bajo esa lógica, los señalamientos estadounidenses contra políticos mexicanos por presuntos vínculos con organizaciones criminales no serían únicamente una cuestión de seguridad para Washington, sino también un instrumento político capaz de generar votos y fortalecer un discurso de mano dura frente al narcotráfico.
La acusación adquiere especial relevancia después de que autoridades estadounidenses señalaran a funcionarios y políticos mexicanos por presunta colaboración con organizaciones del narcotráfico, entre ellos figuras de Sinaloa. Sheinbaum ha cuestionado que Estados Unidos formule estos señalamientos sin entregar a México las pruebas que los sustentan.
La presidenta ha insistido en que México no puede aceptar que una autoridad extranjera determine quién debe ser investigado, detenido o políticamente cuestionado dentro del país. Para su Gobierno, el pueblo mexicano debe decidir quién gobierna y quién deja de gobernar, no una agencia o institución estadounidense.
El conflicto ocurre además cuando México se encamina hacia las elecciones de 2027, consideradas estratégicas para Morena y para la oposición, mientras Estados Unidos enfrenta sus propios comicios de noviembre de 2026.
Así, Sheinbaum coloca los señalamientos estadounidenses dentro de un escenario político más amplio: Washington tendría incentivos electorales para presentar a México como un problema de seguridad, exhibir presuntos vínculos entre políticos y cárteles y utilizar esos casos para alimentar un discurso dirigido a sus votantes.

La presidenta no niega que un funcionario mexicano pueda ser investigado o procesado si existen pruebas de vínculos con el crimen organizado. Su cuestionamiento es otro: que las acusaciones provenientes de Estados Unidos sean utilizadas como mecanismos de presión política o como herramientas para intervenir en las decisiones electorales de México.
La discusión, por tanto, ya no se limita al combate al narcotráfico. Para Sheinbaum, Estados Unidos estaría utilizando la seguridad, las acusaciones contra funcionarios mexicanos y sus pronunciamientos sobre el Gobierno como instrumentos de presión política, mientras que del otro lado de la frontera esos mismos temas pueden convertirse en argumentos electorales para atraer votos.
El problema de fondo queda planteado: ¿se trata exclusivamente de una ofensiva contra los cárteles mexicanos o también de una estrategia política para ganar electores en Estados Unidos e influir en el escenario electoral mexicano de 2027? Esa es la interpretación que la presidenta ha puesto sobre la mesa.

