CIUDAD DE MÉXICO, septiembre 01 (XPFM).- Gerardo Fernández Noroña no consiguió repetir como presidente del Senado y reaccionó con dureza contra la decisión de Morena. El legislador no acudió a la plenaria en la que se definió la nueva Mesa Directiva y posteriormente acusó a Ignacio Mier de modificar los acuerdos internos y conducir el proceso mediante una “simulación”.
La molestia de Noroña no fue solamente por haber quedado fuera. El senador cuestionó también la elección de Higinio Martínez, al considerar que la nueva presidencia podría mantener una relación demasiado tolerante con la oposición.
Para Noroña, la Mesa Directiva debe funcionar como un “valladar” frente a la derecha, particularmente ante lo que calificó como una ofensiva de la “ultraderecha nacional e internacional”, encabezada —según sus palabras— por Estados Unidos.
Aunque reconoció que la presidencia debe representar institucionalmente a todas las fuerzas políticas, advirtió que ese respeto a la oposición no debe convertirse en convalidación de lo que llamó “traición a la patria y al pueblo”.
“Si la mayoría de los compañeros y compañeras dice que esa es la posición que queremos asumir, pues Santas Pascuas”, dijo, al reconocer que su postura podía perder dentro del grupo parlamentario. Sin embargo, insistió en que había propuesto otros perfiles a Mier y que éste no los tomó en cuenta.
El conflicto escaló cuando Noroña acusó a Morena de avanzar “a pasos agigantados al verticalismo”, una práctica que, dijo, ya había experimentado durante su etapa en el PRD. También aprovechó para cuestionar el pasado político de Mier: “Yo no estaba en el PRI cuando mi compañero Nacho Mier sí estaba votando el Fobaproa”, reprochó.
La ironía es que el hombre que durante años ha construido su carrera política desde la confrontación interna ahora denuncia precisamente la falta de apertura dentro del movimiento al que pertenece. Noroña ha tenido una larga trayectoria marcada por polémicas, enfrentamientos públicos y posiciones radicales dentro de la izquierda mexicana, primero en el PRD y después en Morena y el PT. Su estilo directo le ha generado tanto respaldo entre sus simpatizantes como constantes choques con dirigentes y compañeros de partido.
Su relación con Morena tampoco ha estado exenta de desencuentros. En los últimos años ha cuestionado públicamente decisiones de la dirigencia y de la bancada, incluso cuando éstas han sido adoptadas por la mayoría de sus propios compañeros. En septiembre de 2024, por ejemplo, protagonizó un episodio polémico al defender su derecho a utilizar los espacios de estacionamiento del Senado y posteriormente tuvo que ofrecer disculpas por la confrontación generada.

Ahora, tras perder la posibilidad de permanecer al frente de la Cámara alta, anunció que no buscará ningún otro cargo dentro del Senado.
La disputa deja una imagen incómoda para Morena: mientras el partido presume unidad y mayoría legislativa, uno de sus senadores más visibles acusa que las decisiones internas se toman mediante acuerdos que después se modifican, simulaciones y una creciente concentración del poder.
Noroña perdió la votación política. Pero su reclamo abre otra discusión: si Morena llegó al poder denunciando el viejo verticalismo partidista, ¿qué tan diferente es hoy la forma en que sus propias mayorías toman las decisiones?

