CIUDAD DE MÉXICO, septiembre 02 (XPFM).- Durante la presentación de su Segundo Informe de Gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó la transformación del sistema de salud como uno de los principales proyectos de su administración. La incorporación de entidades al IMSS-Bienestar busca concentrar la operación de los servicios para población sin seguridad social y, de acuerdo con el discurso oficial, mejorar el acceso a medicamentos, personal médico, infraestructura y atención.
Sin embargo, los resultados de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2025 del INEGI muestran que la percepción de los usuarios no necesariamente acompaña ese discurso.
En el caso del ISSSTE, la encuesta reportó que apenas 45.8% de los usuarios manifestó satisfacción general con el servicio.
Los mayores problemas aparecen en aspectos directamente relacionados con la capacidad de atención. Solo 24.1% consideró que las clínicas y hospitales estaban sin saturación de usuarios, mientras que 42.3% reportó disponibilidad de medicamentos.

La percepción sobre el personal también presenta claroscuros: 51.5% consideró que había suficiente personal médico y 54% señaló que las instalaciones eran adecuadas y contaban con el equipo necesario.
Aunque algunos indicadores obtuvieron mejores resultados —como el trato respetuoso, con 78.3%, y la información oportuna y comprensible sobre el estado de salud, con 74.3%—, el nivel de satisfacción general permanece por debajo de la mitad de los usuarios.
Los servicios estatales también retroceden
Por separado, la ENCIG 2025 evaluó los centros de salud y hospitales del gobierno de los estados. Estos resultados son particularmente relevantes en el contexto de la estrategia de federalización impulsada por el Gobierno de Sheinbaum, aunque no deben confundirse con una medición exclusiva del IMSS-Bienestar.
La encuesta revela un retroceso entre 2023 y 2025. La satisfacción general cayó de 58.1% a 49.7%, una disminución de 8.4 puntos porcentuales.
El deterioro también se observa en rubros esenciales para los pacientes.
La proporción de usuarios que reportó disponibilidad de medicamentos bajó de 44.9% a 37.3%. En tanto, quienes consideraron que las clínicas y hospitales estaban sin saturación de usuarios pasaron de 33% a apenas 29.5%.
También disminuyó la percepción de que existe suficiente personal médico, de 61.6% a 58%, mientras que la valoración sobre instalaciones adecuadas y equipo necesario pasó de 65.9% a 62.2%.

La atención inmediata descendió de 70.7% a 64.3%, y la percepción sobre médicos capacitados pasó de 76.5% a 73%.
En otras palabras, varios de los indicadores que determinan la calidad efectiva de la atención retrocedieron en apenas dos años.
Una promesa que todavía enfrenta la realidad
El Gobierno federal ha defendido la federalización como una vía para acabar con las desigualdades entre los sistemas estatales y construir un modelo de salud más homogéneo. Sheinbaum incluso ha presumido avances en consultas, medicamentos e infraestructura dentro del IMSS-Bienestar. Pero los datos del INEGI obligan a matizar ese discurso.
No puede afirmarse que la ENCIG demuestre por sí sola un fracaso del IMSS-Bienestar, pero sí ofrece un indicador relevante sobre la percepción de los usuarios en los servicios públicos que forman parte del proceso de transformación. Y la fotografía no es alentadora: menos satisfacción, menor disponibilidad de medicamentos, mayor percepción de saturación y retrocesos en la suficiencia de personal y atención inmediata.

La distancia entre el discurso oficial y la experiencia cotidiana de los pacientes vuelve a quedar sobre la mesa. La transformación del sistema de salud puede presumirse en cifras administrativas, pero para los usuarios el resultado se mide en algo mucho más concreto: conseguir una consulta, encontrar medicamentos y recibir atención a tiempo.
La propia administración ha reconocido que el sistema todavía requiere inversiones importantes. En julio de 2025, Sheinbaum anunció una inversión de 21 mil millones de pesos para el IMSS-Bienestar entre 2025 y 2027, destinada a equipamiento, hospitales y contratación de personal médico y de enfermería.
También ha tenido que responder a reclamos por falta de insumos, problemas laborales y abasto de medicamentos. En enero de 2025, ante cuestionamientos sobre hospitales y trabajadores de la salud, la presidenta aseguró que no existía un recorte presupuestal y sostuvo que los medicamentos comenzarían a llegar entre febrero y marzo.

