El reciente atentado con un coche bomba perpetrado frente a la comandancia de policía en Ojocaliente, Zacatecas, ha dejado siete personas heridas y daños materiales significativos en inmuebles, lo que confirma la persistencia de una crisis de seguridad que el gobierno estatal y federal no logra contener pese a los discursos oficiales sobre el control territorial.
El quiebre de la seguridad pública en Zacatecas
La detonación de un vehículo con explosivos durante la fiesta patronal de Ojocaliente representa una nueva etapa en la violencia que afecta a la entidad y que, tras un aparente periodo de calma, ha escalado nuevamente con incidentes de alta peligrosidad.
Impacto de la deflagración en la infraestructura local
El evento delictivo provocó afectaciones directas sobre la operatividad de las fuerzas municipales y la integridad de la ciudadanía al resultar herido un agente policial y registrarse daños estructurales en once vehículos particulares y dos patrullas oficiales.
Medidas de emergencia ante la inacción estatal
La respuesta de las autoridades locales tras el suceso se limitó a la suspensión de las actividades escolares programadas para el lunes y al despliegue de un equipo militar especializado en explosivos encargado de descartar la presencia de más artefactos en la zona.
La inseguridad como constante en la administración actual
Este atentado constituye el tercer ataque con explosivos reportado en menos de una semana en Zacatecas, situación que contrasta con la narrativa gubernamental de control y refleja el fracaso de la estrategia de seguridad vigente, la cual incluye el antecedente reciente de cinco cuerpos hallados en Pozo de Gamboa, donde figuraba un exalcalde, servidores públicos y empresarios.
(Con información de El Economista)


