La administración federal prohibirá el uso de celulares y tabletas en primarias y secundarias a partir del 3 de noviembre de 2026, una medida centralizada que genera interrogantes sobre la capacidad real del régimen de la Cuarta Transformación para supervisar su correcta implementación en todo el país.
El acuerdo oficial y los plazos de la medida educativa
La restricción obligatoria surge de un pacto entre las autoridades educativas de las 32 entidades federativas y la presidencia de la república, la cual será publicada de manera formal en el Diario Oficial de la Federación.
Tras dicha publicación oficial, los planteles educativos dispondrán de un plazo de 30 días naturales para difundir la disposición entre el cuerpo docente, las madres, los padres de familia y la comunidad estudiantil. La Secretaría de Educación Pública, encabezada por Mario Delgado, ha insistido en que no se trata de una prohibición total para portar los aparatos, sino de una limitación estricta para utilizarlos durante la jornada escolar y los periodos de descanso.
La diferencia entre portar el dispositivo y su uso en las aulas
Los alumnos de educación básica mantendrán el derecho de llevar sus teléfonos y tabletas a las escuelas bajo la condición ineludible de mantenerlos resguardados y fuera de alcance durante las clases y el recreo.
Desde la perspectiva del oficialismo, la intervención gubernamental busca frenar el uso indiscriminado de las plataformas digitales y las redes sociales para rescatar la convivencia presencial y el desarrollo cognitivo. Sin embargo, la medida deja abierta la carga operativa sobre los profesores, quienes deberán vigilar el cumplimiento de la norma en aulas saturadas, enfrentando los retos estructurales que el propio sistema educativo federal ha dejado sin resolver durante los últimos años.
Las excepciones operativas y los niveles de aplicación
La normativa gubernamental contempla escenarios específicos donde los dispositivos móviles mantendrán su vigencia, tales como situaciones de emergencia justificada, requerimientos particulares de salud para la infancia o la autorización expresa de un fin estrictamente pedagógico por parte de la escuela.
El alcance de la disposición federal varía radicalmente según el nivel de enseñanza, delimitando la prohibición de uso exclusivamente para primarias y secundarias, mientras que la educación media superior operará bajo los criterios particulares de cada institución y la educación superior quedará completamente exenta de restricciones federales. Por su parte, el cuerpo docente tampoco sufrirá una prohibición directa para el uso de sus herramientas de trabajo, quedando sujeto a lineamientos de buenas prácticas que apelarán a la autorregulación ética de los maestros.
(Con información de El Economista)


