El mercado inmobiliario industrial de Querétaro enfrenta una paradoja operativa al registrar un incremento en su inventario total frente a una contracción severa en el inicio de nuevos proyectos constructivos durante el periodo reciente.
La expansión del parque industrial queretano alcanzó los 8.8 millones de metros cuadrados al corte de julio de 2026, lo que representa un avance anual del 5 por ciento tras la integración de 400,000 metros cuadrados de nueva superficie. No obstante, este dato positivo oculta una realidad operativa adversa reflejada en el desplome del 40 por ciento anual en la actividad constructora del mercado local. Esta cifra revela una falta de dinamismo en la edificación de infraestructura nueva que anticipa una desaceleración inevitable en la oferta disponible para los próximos meses, poniendo en entredicho la capacidad de atracción de nuevas inversiones bajo las condiciones actuales de gestión.
La concentración de este inventario exhibe una marcada polarización geográfica donde el corredor México-Querétaro domina con el 32 por ciento de la superficie total. A este le siguen el corredor Querétaro-San Luis Potosí con una participación del 30 por ciento y el corredor Aeropuerto que abarca el 29 por ciento. Las zonas correspondientes a la avenida 5 de Febrero y el municipio de San Juan del Río mantienen una presencia marginal al agrupar apenas el 8 por ciento de la infraestructura industrial. Los costos de arrendamiento por metro cuadrado reflejan la presión de estas zonas, alcanzando los 6.50 dólares en 5 de Febrero, 6.29 dólares en la zona Aeropuerto y 6.14 dólares en el corredor México-Querétaro.
El posicionamiento de la entidad como uno de los pilares industriales del país, al concentrar el 8 por ciento del inventario nacional, contrasta con el escenario de cautela predominante en los mercados. La tasa de vacancia del 5 por ciento registrada al segundo trimestre, equiparable al promedio nacional del 5.2 por ciento, sugiere que el mercado intenta estabilizarse ante la incertidumbre económica. La desaceleración en el arranque de nuevas edificaciones a nivel nacional es el síntoma de una respuesta defensiva de los desarrolladores frente a la incertidumbre regulatoria y el proceso de revisión del tratado comercial T-MEC, factores que condicionan la toma de decisiones de inversión y frenan el impulso constructivo en regiones estratégicas como el Bajío y el Occidente.
(Con información de El Economista)


