Un innovador ensayo clínico comenzó a probar el medicamento baricitinib, aprobado por la FDA y enfocado en reducir la inflamación, para mejorar la depresión y los síntomas cognitivos en exjugadores de futbol americano expuestos a impactos repetidos.
La iniciativa surge en un contexto donde deportistas retirados como Casey Toohill lidian con la angustia existencial derivada del desgaste cerebral acumulado durante sus carreras profesionales. Toohill, tras una trayectoria de seis años en la NFL como ala defensiva jugando para los Washington Commanders, los Philadelphia Eagles y los Buffalo Bills, se unió al consejo asesor de la Concussion & CTE Foundation. Esta organización se asoció con la Facultad de Medicina de la Universidad de Emory para poner en marcha la investigación sobre si la reducción de la inflamación puede contrarrestar los problemas neurológicos.
Los investigadores buscan hombres adultos de entre 30 y 55 años que hayan practicado futbol americano con contacto físico durante 11 años o más y que presenten depresión y problemas cognitivos, ofreciendo una vía de esperanza ante una problemática que históricamente ha carecido de alternativas terapéuticas en personas vivas.
El desafío del diagnóstico y la sombra de la encefalopatía traumática crónica
La comunidad científica enfrenta el reto mayúsculo de determinar cómo diagnosticar la encefalopatía traumática crónica en personas vivas, ya que esta enfermedad cerebral degenerativa solo puede confirmarse de manera definitiva tras la muerte. Chris Nowinski, director ejecutivo de la Fundación para la Conmoción Cerebral y la Encefalopatía Traumática Crónica, destacó que la participación de investigadores externos representa un reconocimiento inusual y necesario sobre la gravedad del problema en el deporte profesional. La encefalopatía traumática crónica puede afectar regiones del cerebro implicadas en la regulación del comportamiento y las emociones, provocando pérdida de memoria, depresión, cambios de humor violentos y otros problemas cognitivos y conductuales que también se entrelazan con patologías como el Alzheimer.
Entre los casos más sonados de deportistas a quienes se les diagnosticó esta condición después de su fallecimiento figuran miembros del Salón de la Fama como el linebacker Junior Seau y el quarterback Ken Stabler, además del ex ala cerrada de los Patriots, Aaron Hernandez. Los organizadores del estudio aclaran que el objetivo no es tratar directamente la encefalopatía traumática crónica ni afirmar que los participantes la padezcan, sino reconocer que corren un riesgo latente y brindar respuestas efectivas a una comunidad vulnerable.
La inflamación excesiva como detonante del deterioro neuronal
La distinción entre la inflamación cerebral positiva y negativa resulta clave para comprender el enfoque del estudio encabezado por Christina Gavegnano, coinvestigadora principal y profesora asociada en Emory. La inflamación aguda que se produce tras lesiones como una conmoción cerebral constituye una respuesta natural al trauma y contribuye al proceso de curación inicial, pero el conflicto real se desata cuando dicha inflamación persiste en el tiempo de manera excesiva. En estas circunstancias patológicas, las neuronas se agrupan, mueren y pierden la capacidad de comunicarse entre sí, un fenómeno que se observa de forma transversal en diversas afecciones como la depresión, la esclerosis lateral amiotrófica, el mal de Parkinson, el Alzheimer o la demencia.
La hipótesis central del ensayo clínico radica en que los síntomas de estas enfermedades cerebrales podrían mejorar notablemente si la inflamación lograra regresar a sus parámetros normales. Para ello, los científicos apostaron por el baricitinib debido a que se trata de un fármaco administrado en pastilla de toma diaria, cuenta con un amplio historial de investigaciones, actúa sobre factores inflamatorios específicos, posee un perfil de seguridad conocido e incluso cuenta con autorización para su uso en niños pequeños, lo que facilita su transición hacia ensayos clínicos enfocados en mitigar la inflamación cerebral.
El testimonio y la movilización de los atletas retirados
Las declaraciones de Casey Toohill reflejan la realidad de una generación de deportistas que dimensionan los riesgos reales asociados a la disciplina que practicaron durante su etapa competitiva. A sus 30 años, y tras haber jugado en la universidad de Stanford, Toohill reconoció que el verdadero peligro no reside únicamente en las conmociones cerebrales diagnosticadas formalmente, sino en los fuertes impactos acumulados que se producen constantemente tanto en los partidos como en los entrenamientos de alto rendimiento.
Aunque su estado de salud actual se mantiene favorable y no cumple con el tiempo requerido para participar directamente en el estudio en curso, asumió un rol activo como defensor de los exjugadores afectados para contactar a compañeros que puedan cumplir con los requisitos de selección. La expectativa de los involucrados es que este protocolo sirva como punta de lanza para demostrar que la ciencia médica puede acudir en auxilio de la comunidad futbolística, ofreciendo alternativas farmacológicas viables para mitigar las secuelas de los traumatismos craneales repetidos.
(Con información de AP)


